La Casa Azul (24 de marzo 2012) VIVA LA CULTURA POP

Publicado: 26 marzo, 2012 de manubadman en Sin categoría

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

EL PASADO SABADO 24 DE MARZO ACUDI AL CONCIERTO MAS POP DE MI VIDA. Y AL DIA SIGUIENTE ESTABA YO FRENTE AL ESPEJO BUSCANDO SINTOMAS DE ALERGIA COMO ESTIGMAS EN MI PIEL, YA QUE UN ROCKERO COMO YO NO SE IMAGINABA BAILANDO RITMOS DISCOTEQUEROS DE LOS 70.

PERO LAS BARRERAS ESTÁN PARA ROMPERLAS Y QUE MEJOR QUE DE LA MANO DE GUILLE MILKIWAY. LA CASA AZUL NOS ENSEÑO A TODOS COMO HACER VIBRANTE UN CONCIERTO DE POP ELECTRÓNICO. POSIBLEMENTE JUNTO CON FANGORIA SEAN LOS DOS UNICOS GRUPOS QUE CON UN POP ELECTRONICO PUEDEN CREAR ESPECTACULOS DIGNOS DEL ROCK MÁS ENÉRGICO.

EL PUBLICO PUSO SU GRANITO DE ARENA COREANDO TODAS Y CADA UNA DE SUS CANCIONES, PREDOMINANDO LAS DE “LA POLINESIA MERIDIONAL” AUNQUE ME QUEDO CON CUATRO MOMENTOS ESTELARES LLENOS DE NOSTALGIA “CHICLECOSMOS”, “CERCA DE SHIBUYA”, “COMO UN FAN” Y ESE POPURRI RECORDANDO SU PRIMER DISCO EN EL QUE SE ESCONDIA TRAS UN GRUPO FALSO DE CARAS BONITAS.

FUE UNA FIESTA TOTAL, EN LA QUE CASI (REPITO) CASI NO ECHÉ EN FALTA EL ROCK ACELERADO Y DISTORSIONADO QUE TANTO ADORO.

Y ME QUEDO CON UNA FRASE QUE HE LEIDO: “CUANDO SALES DE UN CONCIERTO DE LA CASA AZUL, PARECE QUE SABES UN POCO MAS DE CULTURA POP QUE ANTES

DOS RESEÑAS CUALQUIERA DE UN DIA ESPECIAL. 

CRONICA EXTRAIDA DE LA WEB ZONAMUSICAL.

Nos planteamos desde el primer momento si La Casa Azul tiene un verdadero directo o si es un karaoke de Guille Milkyway, interpretando sus temas y una versión de A-ha. O una fiesta con orquesta y bolas de espejos refulgentes, una borrachera de música disco, sentimentalismo amable y amargura embotellada y dosificada para que duela lo justo. El mundo depresivo y superficial que una y otra vez se desilvana tema a tema no parece impedir que el objetivo, conseguir que los numerosos fans bailen como locos, se haga realidad y la noche tenga el sabor de un éxito magnífico. Es sorprendente que un producto enlatado y perfectamente coreografiado transmita esa sensación de calidez, incluso de bochorno (aunque los chulos no se quiten la camiseta), algo que explica la fragilidad, la torpeza encantadora de Guille sobre el escenario, su teatral soledad al piano (el negativo de Elton John, el primo díscolo de Alicia Keys) y, finalmente, el entusiasmo del público, que corea, acompaña todas las canciones y disimula, u obvia, los límites de su voz, o agradece que se desgañite horrorosamente igual que uno más. 

Evidentemente es la fuerza de sus casi plagios, de los puzzles que monta con retales de su mitomanía lo que hace creíble algo que en boca de cualquier otro sería víctima del desprecio global y carne de fiestas de pueblo y entrevistas previas con lo mejor de la prensa rosa. La Casa Azul es un pastiche con clase, un ejemplo de bricolaje lujoso que apela al sentido de la diversión del público pero no a su cortedad de miras, y por eso funciona. Porque delante de su pantalla led gigante es Dios, pero la voz se le quiebra al dar las gracias, igual que si Raffaela Carrá estuviera descendiendo de los focos del techo, y eso le acerca a los que estamos aquí abajo. Lo convierte en el amigo tímido, especial y carismático, pero que no arrastra ningún ratón con su flauta mágica, que se ha ganado en su insignificandia el respeto de todos… o quizás aquí somos todos un poco como él. Al menos nuestro estómago se ha sentido inquieto unas cuantas veces.

Fotos: Julián Callejo

Página personal de Julián Callejo

 

CRÓNICA EXTRAIDA DE LA WEB INDIELOGIA.

A las 21h se abrieron las puertas del Ocho y Medio Club en Madrid, en la Sala But, para recibir a todo el público que, puntual, se congregaba para presenciar el concierto de La Casa Azul.

Guille Milkyway llevaba avisando y pidiendo consejos todo el día a través de las diferentes redes sociales, pues una “afonía total” atacaba al hombre que lidera e idea todo lo que sus androides manifiestan.

Se apagan las luces, arranca la máquina de humo, y comienzan los audiovisuales que nos adentran en la historia de la que nos hacen partícipes. Un horizonte anaranjado marca el fondo del escenario mientras entran los dos androides de Guille, primeros acordes entre aplausos, gritos y silbidos, La Casa Azul arranca su concierto.

Cierto es que juega en casa, como cierto es que el público está con él, pero si es así esto último será por algo. Tema tras tema consigue hacer saltar a los asistentes y corear sus estribillos. Consigue un concepto de espectáculo que llevar a cabo, en el que cada canción sabe que ha de ser un número estimulante, y lo consigue. Todo está pensado de tal manera que el concierto se convierta en una manera natural de disfrutar de toda la experiencia sensorial.

Lección de creatividad y humildad para todos aquellos que dicen “yo también haría un gran show con un escenario de 100m2”. y les guste o no La Casa Azul , hay que reconocer que nadie más hace ahora mismo un concierto como lo pueden hacer Guille Milkyway y sus amigos.

Uno tiene la impresión de haber aprendido sobre cultura general e historia reciente del arte cuando acude a un concierto de los de La Polinesia Meridional, y al salir intenta recordar todas las referencias y personalidades nombradas en el micro del vocalista y las pantallas del escenario, como las imágenes que acompañan la mayoría de los temas, audiovisuales muy bien realizados que podrían ser la envidia de cualquier archivo de televisión. Guiños a directores de cine, músicos, divas, actores, están permanentemente presentes ya no unicamente en las letras.

La escenografía juega un papel importante, y la manera en la que Milkyway interactúa con ella. Presenta un espacio inteligente que responde a sus estímulos y sus emociones, como si de una película de ciencia ficción se tratara. Dos horas largas (que no se hacen largas) subidos en su maquina del tiempo, y en las que un adorablemente tímido afoniquito pudo defender este recorrido de canciones.

Una vez oí a uno de los grandes decir que una canción solo consigue ser canción cuando el público se convierte en vocalista mientras los músicos se encargan de lo demás. Yo anoche presencié como la sala But repleta cantó “Como un fan” mientras Guille tocaba su teclado. Y no hay más que decir.

Una fiesta para fans en la que los silencios entre temas a veces se hacían largos, pero entendibles y necesarios para la hidratación de la garganta a medio recuperar. Chicos tristes queriendo hacerse los chicos malos y al revés. Raphaeladas, un espectáculo especial, y la sorpresa del dj-set al acabar el concierto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s